sábado, 28 de abril de 2007

Te vas amor...

-Te vas amor, si así lo quieres que le voy a hacer, tu vanidad no te deja entender, que en la pobreza se sabe querer…
-Caray, dice mientras escucha la música, esa es de hace tanto… no sé porque no han puesto la otra…digo, hay éxitos más recientes… Se ríe mientras termina la frase, hablando en realidad con nadie.
-¡Cola helada, colita, 10 centavos, cola helada!
El grito me sobresalta, volteó y veo al niño que va caminando con el envase de soda de naranja en la mano y vasos desechables en la otra. En el mercado, a los lados venden una cantidad bárbara de discos compactos, con música y con vídeo. Las menestras del negro en la esquina, y vamos caminando.
-Mira nomás como te pusieron… -dice- y yo que pensaba que las empanaditas esas eran de las buenas. Ni hablar.
Sobre el malecón, a lo largo del río Guayas, vamos andando, recordando las viejas rolas y escuchando como fondo las nuevas. –Es raro- me dice- nunca he entendido como le hacen para producir tal cantidad de discos… ¿pues a qué hora los copian?. En el mercado, a los dos lados hay montañas de discos. La gente pasa, se detiene, pregunta por alguno en particular, se mueven y siguen.
-Eh, perdón…- digo un poco apenado
Me miran desde el puesto
-¿Cómo se llega a la 9 de Octubre?
-Siga nomás derecho… - contesta rápido y sigue en lo suyo
No sé para que pregunte, si de allá venimos. Buscamos el Internet, entre las puestos de jugos y de fritura distinguimos uno al fondo, pasando por entre las playeras del equipo local y del América, y del Barcelona… y otras muchas.
Las señales no son precisamente lo que pensamos, es más bien la caseta de llamadas internacionales. Y bueno, ya estamos aquí, mejor llamar de una. –¿Para llamar a Bagdad oiga?-pregunto. Me mira, y voltea a ver un libro blanco, recorre una lista hasta el final, y voltea: ¿Se sabe el código de país? Porque aquí no aparece-me dice. Ya-contesto-no, la verdad es que no lo tengo a la mano… ¿tal vez si intentamos con otro?
Probamos buscar un código distinto, así que revisamos la lista uno a uno para ver cuales ya están ocupados. Tal vez si usamos algo así como 99 u 88… pero según parece todos están ya ocupados. No sé, tal vez dejamos la llamada para luego.
Subimos a una carroza tirada por un caballo blanco. Damos una vuelta por la ciudad sin hablar, meditando. ¿Será que les habrán quitado el código?-me dice de pronto. No contesto, pienso en la posibilidad de vender el código a otro país. No sé, tal vez hay países que aún no tienen código… pero podría haber muchas confusiones. Le explico esto, y me dice que no, que no se trata de traspasarlo. Yo lo que decía es que tal vez… no sé, olvídalo-me dice y nuevamente nos quedamos en silencio.
Marco Antonio se baja de pronto de la carroza. –Nos vemos lueguito-me dice-te vienes trayendo las bolsas. Se va silbando aquella de “y ahora te vas, sabiendo que no supe lograr en tu alma motivar el amor que yo por ti sentía…” Me bajo y le pago al caballo, que me ha llevado de vuelta al malecón. –Quédate con el cambio-le digo. Bajo al barco de la armada, un buque escuela, y pregunto si sirven las velas. El marino que cuida la entrada me mira confundido: ¿Pues como cree que se mueve?-contesta. Pasando por entre los cañones me dirijo a la proa…o lo que sea, tal vez es la popa. Por más que intento, no veo el mar. -¡Hey, amigo!-gritan de pronto. Volteo, en el malecón un anciano hace señas hacia el barco- ¡Venga, venga, esto le interesa! Ni idea de a quien le habla, pero como me interesa lo que interesa, voy corriendo. -¿Qué pasa?-le digo. Me mira y dice: “Pero si usted no… eh, que más da. Sígame”. Vamos caminando de regreso a la 9 de Octubre, de pronto, dando la vuelta estamos en el mercado de alimentos. Aquí está lo que estaban buscando hace rato, solo le vale 2 dólares-me dice. OK-contestó dándole un puño de monedas que saco de las bolsas. Me entrega el DVD y regreso a las menestras del negro. Mientras me como la carne con lentejas, arroz y ají, en la pantalla de la laptop lo veo cantando su éxito reciente: “no hay nada más difícil que vivir sin ti…”

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